EFÍMERO
10:16Había pasado demasiado tiempo esperándolo, añorándolo. Cabello negro como la noche, piel morena, manos fuertes y cuerpo musculoso. La palabra precisa. El chico de sus sueños, tal como lo había imaginado, ahí… extendiendo su mano hacia ella en una cordial y elegante presentación.
Así había comenzado.
Aquel día, como un balde de agua helada le habían
llegado todos sus defectos: no era tan perfecto como le hubiera gustado creer o
como había creído. No era una mentira, él no había mentido en nada. Había conocido
todas sus manías y ninguna le había resultado detestable hasta el momento. Pero
la duda... ¿Cómo llevó tanto tiempo ciega?
No hubo ningún detonante, él no tenía culpa. Tampoco había cambiado, y
ella no hubiera esperado a que lo hiciera.
Un día se despertó y lo entendió. Es solo que
algunas veces, la vida te pones trampas. Y una mañana te levantas y te das
cuenta de que te adelantaste a los ‘te quiero’ y que fueron un error, de que
hasta su forma de latir te molesta. Puede que sea algo tan sencillo cómo verlo
distraídamente mientras lavaba los platos, o mientras dormía. Puede que en ese
momento tu cerebro diga: “Se acabo, no quiero ver el resto de mis días esa imagen” y no habrá
vuelta atrás.
Ella, odiaba la forma en la que servía la cena.
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