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VUELVE A MÍ

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Querido Aegan, hace mucho tiempo me hiciste una promesa. Me prometiste que nunca me dejarías y que siempre me querrías. Que la adversidad nunca nos separaría 

Hoy, después de dos años, estoy sentada en el mismo sillón viejo y desteñido en el que fui tuya tantas veces. Me niego a deshacerme de él a pesar del odio que le tomé cuando te fuiste. 

Nunca debimos comprarlo. ¿Tienes alguna idea de lo mucho que pienso en eso? Es decir, ¿En qué estábamos pensando? Es horrible. Si estuvieras aquí ya te hubieras desecho de el. 

Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que te escribí. Quizá meses.  Me gustaría decirte que las cosas están mejorando, que ya no lloro antes de dormir y que ya no despierto entre gritos y pesadillas, cuando la realidad me pega de golpe, como un balde de agua fría. Sé que es lo que querrías, pero ambos sabemos que sería una mentira. No puedo mentirte, no ahora. 

Tampoco te escribo para que vuelvas (como las veces anteriores). Entendí hace mucho que ya no lo harías, que no volverías. 

Había decidido soltarte, dejarte en paz. Dejarte descansar. Pero tú recuerdo sigue latente, de alguna forma es como si nunca te hubieras ido. Tan lejos pero a la vez tan cerca. En cada mueble, en cada rincón, en cada calle de la ciudad. En cada aroma. 

Querido Aegan, 
Me estoy rompiendo,
Y esta vez no estás tú para unir los pedazos. 

Por favor, vuelve a mí. Regresa a mí. 

“El arte y el amor son lo mismo: es el proceso de verse en cosas que no son ustedes.”

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