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S I N T I E N D O

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Ésta a un lado de mi, boca abajo, su respiración suena suave y pausada y su mano derecha esta posada en cima de la mía, entrelazándolas. Le observo. Sus ojos están cerrados y su boca esta ligeramente abierta. Me pierdo en la infinidad de sus pestañas y en los lunares que tiene a un lado de su cuello. El cobertor cubre más a bajo de sus omóplatos dejando así su espalda desnuda y libre ante mi vista. Cada musculo perfectamente definido. Su piel aterciopelada me invita a tocarla, a besarla, pero me abstengo.

Es él. Lo supe desde el minuto cero en que le vi. 

No quiero nada más. Es él. 

Una mano inconsciente se mueve y aterriza en mi cadera. Me remuevo, acercándome más. Él también se remueve y me presiona contra él. Han pasado sólo unos minutos y él ya se encuentra dormido a mi lado. Fragmentos de imágenes revolotean por mi mente. Él besándome, el tocándome, él entrando y saliendo de mí. 

Lo observo de nuevo. Esta vez viendo más allá de él. Puedo sentir cuanto me quiere, tanto como yo. Cierro los ojos, me dejo llevar por su olor, por el calor que irradia su piel. 

El invierno acabó, 
lo siento en mis huesos. 
Las flores están renaciendo, 
la primavera está volviendo.

“El arte y el amor son lo mismo: es el proceso de verse en cosas que no son ustedes.”

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